El que escribe lleva 25 años reciclando, incluso antes de que en las calles hubiera contenedores para ello y mucho antes de que existieran las plantas de transferencia y los ecoparques. Entonces yo acumulaba residuos perfectamente lavados en mi patio trasero, a la espera de que el sistema estuviera preparado para recibir mis desechos de plástico, vidrio, metal y cartón. Era joven entonces, y tenía convicciones...
Bien, el sistema se preparó y ahora me estoy preocupando. Sobre todo por el volumen que está tomando mi dosis semanal de residuos reciclables. Es algo asombroso, casi aterrador. Ya no es divertido, y, lo peor, me temo que me está costando mucho dinero al año. Compro, abro, vacío, tiro, compro, abro, vacío y tiro, todos los días. He dejado de dar valor a mis envases, son una molestia, y no sé hacer otra cosa con ellos que regalarlos. Tiene narices.
Probablemente, con lo que he ido entregando en todos estos años a las empresas que se dedican a darle nuevamente valor a mis desperdicios no orgánicos, me hubiera podido comprar un coche. Esto me ha llevado a querer saber más sobre quién se lucra realmente con lo que yo tiro alegremente a un contenedor de color verde, azul o amarillo, perfectamente mentalizado, o debería decir mediatizado, de que estoy haciendo algo por el medioambiente...
De modo que me he lanzado a la producción orgánica de un documental que pretende arrojar luz sobre el negocio del reciclaje, porque de lo que estoy seguro es que nadie se dedica a algo para perder dinero. Hoy he sabido que el cartón está sujeto a la economía de mercado, es decir a los mecanismos mafiosos de los poderosos para decidir quién debe ganar algo con ese material. Ahora, si mis cartones son un bien para las élites financieras, ya no me apetece tanto plegarlos y meterlos por la ranura ridícula de un tragacartones subterráneo urbano, porque pienso que estoy regalando algo de cierto valor del que yo debería participar. Tal vez deban darme acciones en las empresas vinculadas al negocio del reciclado. No, descartado. Pero podrían , tal vez, descontarme algo del IBI o de la tasa de la basura, por ser un buen ciudadano. Esto exigiría que me pesaran todas mis devoluciones al sistema de consumo de bienes envasados. Demasiado complicado. Es posible que yo deba comprar menos envases. Y es posible que todo ello me lleve a replantear mi estilo de vida, mi modelo de consumo. Pero antes voy a producir este documental para estar seguro de lo que puedo y debo cambiar, porque soy un importante eslabón de un sistema gigantesco que es la gestión de las basuras. Me gustaría recibir vuestras sugerencias y experiencias, que podéis enviarme por e-mail o añadir aquí como comentarios.

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